La Pizarra de Loti: Sin plan ‘b’

pizarra

Osasuna es un equipo al que le cuesta Dios y ayuda ganar a un rival que le iguale en intensidad. La razón es simple: carecemos de soluciones si el contrario nos da el balón y nos cede campo con un repliegue intensivo. Nos desquiciamos, perdemos el balón y el rival nos pilla con espacios abiertos a la contra. Y es que el Sporting nos dio ayer una lección de los que debe ser nuestra esencia: trabajo, solidaridad e intensidad.

El juego combinativo en ataque posicional de Osasuna no destila ningún tipo de fluidez. Somos un buen equipo a la contra y en fútbol directo. En cambio, no tenemos respuesta ante un equipo que nos cede la iniciativa y se encierra atrás. Cuando necesitamos circulación desde el inicio para generar engaño y mover al rival somos tremendamente flojos.

Y esto es lo que pasó ayer. En una primera parte intensa con un Sporting apretando, vimos un Osasuna con ritmo, variantes y llegada. En una segunda mitad con un rival replegado presenciamos un equipo rojillo apático sin soluciones ni recursos, incapaz de igualar mediante triangulaciones el ritmo generado por el intercambio de golpes en la primera parte.

Los primeros cuarenta y cinco minutos fueron apasionantes. Los de Preciado, fieles a su estilo, mordían sin balón y achicaban espacios plantando al equipo lejos de Lafuente. En este contexto, Osasuna combinaba con acierto juego corto y largo.

Tras salir de la primera emboscada, los rojillos veían la luz a las espaldas del medio. En esos momentos vimos a un gran Masoud que con su movilidad encontró espacios de intervención en lugares peligrosos. Con el dominio de los tres cuartos obligábamos al Sporting a cerrar y a desguarnecer los flancos por donde entramos con Plasil y Juanfran junto con las proyecciones de los laterales. Como resultado de esto, el partido se jugó en campo rival con infinidad de llegadas y centros al área sportinguista.

El único arma visitante residió en la velocidad de Carmelo a la espalda de Javier Flaño, que estuvo impreciso al tratar de doblar por sistema en ocasiones poco propicias para ello. Los dos latigazos del Sporting sorprendieron ya que fueron un islote en el juego rojiblanco.

Fruto de la ventaja en el marcador, el Sporting retrasó 20 metros su posicionamiento en la reanudación y, al contrario que en el inicio, se centró en cubrir espacios en lugar de entrar, anticipar y acosar balón. Así, optaron por maximizar las ayudas por fuera con dos líneas de cuatro que creaban siempre superioridad en la zona del balón.

De esta manera, los ataques por banda morían sin éxito y el juego interior quedaba limitado al balón largo frontal ante la nula movilidad de Dady entre líneas.

Partido para no olvidar, para tener presente ya que por un lado nos marca el camino a seguir como visitantes, y por otro nos obliga a buscar soluciones ante este tipo de planteamientos que se repetirán frente a rivales directos y donde ya no podremos fallar.

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